|
El Padre sin Cabeza
Cuentan los abuelos que cuando Cartago era la
capital de Costa Rica, el puesto
más privilegiado era el de sacerdote
de la catedral de Cartago, de la que hoy
en día sólo quedan las ruinas. Ignacio Ramírez
tenia este puesto, él era un sacerdote joven y bien
parecido, muy cercano
a su familia y querido por todo el pueblo. El hermano del padre
Ignacio, Joaquín, era un picaflor
conocido, siempre burlaba a las mujeres y no
había quien pudiera corregirlo, ni siquiera el padre
Ignacio.
Un día, llegó una bella joven a
confesarse con el padre Ignacio. Ella, siendo nueva en el pueblo,
nunca había visto a un sacerdote tan buen mozo y se enamoró
inmediatamente de él. El padre Ignacio, a
pesar de saber que esto era un pecado
no pudo evitar sentir lo
mismo por esta humilde y bella joven. Sin embargo, cuando
Joaquín vio a esta muchacha, también vio la oportunidad
de agregar otra conquista
a su ya larga lista, y valiéndose de sus artimañas,
logró conquistar a la joven, quien quedó embarazada.
El padre Ignacio, a pesar de su dolor, trató de obligar
a Joaquín a casarse con la pobre joven, pero Joaquín
se negó. La muchacha
en su desesperación decidió acabar con su vida para
mantener la honra de su familia.
|
|